El Románico lombardo

Maravillas del arte más sagrado

El Arte Románico es el primer estilo monumental que se difundió por todo el occidente cristiano. El nacimiento y consolidación del Reino de Aragón y el del arte románico fueron simultáneos, por lo que este estilo se convirtió en el estilo altoaragonés por excelencia.

Parece ser que el origen del arte Románico en el Valle de Benasque se remonta a los edificios realizados por maestros procedentes de la Lombardía, en el norte de Italia. A raíz de las luchas internas y de la paralización económica en esta región italiana a partir del año 1000, estos maestros de obras se fueron desplazando por el sur de Francia y el noreste de la Península Ibérica, llevando consigo su manera de construir, que se caracterizaba por ciertos detalles ornamentales como los arquillos ciegos en la parte superior de los ábsides y las pequeñas columnas adosadas, conocidas como lesenas.

En muchas ocasiones, el éxito de estas iglesias lombardas fue tal que los maestros de obras locales siguieron utilizándolas como modelo durante mucho tiempo. Éste es el caso de algunas iglesias del Valle de Benasque, cuya atribución es difícil de asignar a los maestros lombardos, a los maestros locales o a ambos. Las dos principales son la iglesia del Monasterio de los Santos Justo y Pastor de Urmella, compuesta por tres naves y cubierta con bóvedas de arista, acabada en tres ábsides; y la iglesia de Conques, de menor tamaño y formada por una sola nave de dos tramos y acabada en un ábside.

Una vez que las cuadrillas locales se hicieron con los encargos de las nuevas construcciones, se vieron en la imposibilidad de poner en pie una bóveda de arista o una nave al estilo lombardo, aunque habían aprendido a realizar un mejor trabajo de la piedra, disponiendo de forma más regular los sillarejos que empleaban.

En la Ribagorza, este tipo de templo de tradición lombarda es el más abundante, aunque también comparte ciertas características generales con el estilo románico pleno. La orientación del templo siempre coloca la cabecera hacia el este, con una función práctica y simbólica al mismo tiempo. Su planta es rectangular, compuesta por una o tres naves que se dividen por soportes colocados en posición paralela. Cada una de estas naves acaba en la cabecera en un ábside, bajo el que en ocasiones se podía construir una pequeña cripta subterránea. El arco de medio punto es el más usual y, con respecto al tipo de bóveda, aparecen las clásicas de cañón, de estricta media caña o ligeramente apuntada, acompañadas de otras de arista para las naves laterales y de las de horno o de cuarto de esfera para los ábsides.

En la portada es donde este estilo desarrolló sus mejores facultades y, desde unos primeros ensayos meramente funcionales evolucionó hacia volúmenes y formas exquisitas y refinadas. Por lo general, se orientaban hacia el sur, y su acceso se realizaba desde el cementerio, posiblemente con el objetivo de fomentar el recuerdo y devoción a los difuntos. Las ventanas son angostas y muy poco abundantes, con el objetivo de alterar lo menos posible la coherencia y uniformidad de los muros, y de asegurar la sustentación y seguridad de las bóvedas que se sostenían sobre ellos.