200 y 175 años de las conquistas de la Maladeta (1817) y del Aneto (1842)

Durante siglos la cima reina de la cordillera pirenaica fue el pico Maladeta (3.308) de ahí su nombre se impusiera para nominar a todo el macizo donde, dicho sea de paso, se hallan las cumbres más altas, agrestes y bellas de todo el pirineo.

La Maladeta reinó pues, como un icono de altitud, que sólo puede ser desbancando cuando, mediante artilugios científicos de precisión, se pudo demostrar que la cumbre más alta de la cordillera no era la Maladeta, sino el Aneto (3.404 metros) pasó este a convertirse en el nuevo rey que destronaba a otro, hasta el extremo que a día de hoy su entorno se conoce como el Reino del Aneto, pero el macizo al que pertenece el Rey de la Cordillera es la Maladeta.

Montes Malditos o Maladeta, uno de los apelativos demasiado aterradores para unas montañas que no lo son, y, que una vez superado el impacto de sus alturas, desfiladeros, sus aristas y brechas, se convierten per se en un espectáculo natural de permanente y majestuosa belleza, y en consecuencia en un reto para quienes desean superar las dificultades de sus vías de acceso, vencer a las montañas, dominar sus inmensas moles, para alcanzar sus cúspides; y una vez arriba, poder contemplar la grandiosidad del paisaje, la enormidad del espacio entre picos, los empequeñecidos valles; gozar en definitiva de un silencio evocador y de una paz inefable.

Geográficamente la Maladeta es la zona axial del Pirineo - es decir, en el eje central, en el Valle de Benasque - moles graníticas que nos llevan hasta las elevaciones superiores de la cadena y donde encontramos los glaciares más importantes del Pirineo (Aneto-Maladeta) y los únicos que hay en España. Restos de una glaciación que ocupó el antiguo glaciar  del Ésera hasta alcanzar 36 km de longitud desde su extremo superior -Circo de Mulleres- hasta su área de ablación - en la entrada al Congosto del Ventamillo-

Este macizo aunará, especialmente a partir de comienzos del Siglo XIX, el interés de toda clase de personas, que serán los pioneros del pirineísmo, los primeros en llegar fueron los científicos: geólogos, botánicos, geógrafos, le siguieron los aristócratas aventureros ; todos ellos mayoritariamente franceses, de hecho, una de las primeras descripciones de la Maladeta será la realizada por Luis Ramond de Carbonières que en 1787, escribió; La situación, el tamaño, la altura y los hielos de esta montaña me impresionaron vivamente, tanto que pensé comprobar porque motivo tenía fama de inaccesible.

En 1807 otro botánico como Carbonières, el suizo Pyramus de Candolle intentará coronar el pico Maladeta sin conseguirlo, diez años después el médico y también botánico Johann Jacob Friedrich Wilhelm von Parrot, será quien, con 25 años de edad, pise por primera vez la que se consideraba la cima más alta la Maladeta.

Del amplio y atrayente relato del diario del ascenso al pico destacamos este interesante párrafo:

Después de llegar al lugar que llaman "Dos hombres" por sus dos enormes dientes rocosos, lugar que había sido el término de todos los viajes anteriores a la Maladeta.

Me acerqué al borde más elevado del glaciar y  después de haber dado unos veinte pasos vi un paso muy estrecho debo de las rocas. No sabía a dónde me llevaba y lo franquee con gran esfuerzo ya que, en el agujero, apenas había sitio para que pasara mi cuerpo. Con alegría vi que me encontraba en la vertiente suroeste de la montaña, donde las rocas se amontonaban menos perpendicularmente unas sobres otras y desde donde se me ofrecía trepar hasta la cima (...) así junto al guía Barreau, de roca en roca llegamos finalmente a la más alta que se erige a 3 metros más de altura que las otras, formando la verdadera cima de la Maladeta.

La famosa Maladeta se había mostrado accesible, lo que superó ampliamente  mis expectativas. Aquí y por segunda vez, sentí la euforia de encontrarme en una cumbre virgen me reconfortaba ese aire impoluto y puro; la agradable sensación del éxito que recompensaba mi tiempo y mis fatigas, la consecución de un bello proyecto.

Me senté en esos bloques de rocas para admirar a mis anchas el mundo tendido a mis pies.

Friedrich von Parrot

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